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Universitat Abat Oliba CEU

El silencio

En retórica los buenos dominan la palabra, los mejores dominan el silencio. Es un concepto sencillo, fácil de usar. Paradójicamente son pocos los que lo utilizan.

Habitualmente se tiende al exceso, a sobrecargar el discurso con palabras inútiles que complican el mensaje. Frases interminables, puntos y aparte inexistentes, subordinadas repletas de conjunciones… El resultado es un público que se aburre y desconecta.

Utilizar pausas y reducir la velocidad del discurso tiene muchas ventajas. La primera es la más evidente: el público entiende mejor el mensaje. Como hablamos más despacio, podemos utilizar menos palabras, y por lo tanto debemos ser más sintéticos y directos. Ya no rellenamos el discurso con obviedades o intrascendencias, sino que aportamos valor a cada palabra.

La segunda es que nos damos tiempo a nosotros mismos para planificar el mensaje y estructurar mentalmente las ideas. Sí, se trata de décimas de segundo, un segundo o dos a lo sumo. Pero créeme, a veces es todo lo que necesitas para no parecer un idiota. Recuerda que es mucho mejor parecerlo, que abrir la boca y confirmarlo.

En tercer lugar, y probablemente lo que convierte al silencio en el arma más poderosa, es una forma inigualable de enfatizar una idea. No hay un solo grito, golpe o aspaviento capaz de impactar más en el público que tres segundos de silencio. El silencio atrae, engancha, le da ritmo al discurso, según como lo utilices puede ser un punto y aparte o un signo de exclamación. El silencio transmite, y transmitir es la clave.

Mi consejo es que lo apliques en tu discurso con moderación. Cuando lo redactes, asegúrate de que no tienes frases innecesariamente largas. Intenta hacerlas sencillas: sujeto + verbo + predicado. No abuses de los adjetivos ni adornes por adornar. No les impresionarás explicando detalladamente la textura frondosa del pelaje rojizo-barroso de aquel cocker spaniel que, con ojos lastimeros, te miraba desde el lateral de la calle asfaltada con escarcha blanca en la fría mañana de invierno (ZzzzZZZzzzzzz). Lo que no rellenen las palabras, que lo completen las pausas. Nunca hables demasiado rápido. Si tiendes a hacerlo, inserta micropausas después de cada frase (0,5 – 1 segundos).

Son muchos los Grandes que han ensalzado las virtudes del silencio. Por ejemplo Borges, que decía aquello de “no hables a menos que puedas mejorar el silencio”, o Mario Benedetti con su “hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”. Pero para terminar, yo comparto contigo esta, de Calderón de la Barca: “el silencio es retórica de amantes”.

Javier Plaza Miranda, formador de la Sociedad de Debate de la UAO CEU.

2 Responses so far.

  1. Hugo dice:

    Enhorabuena Javier me ha encantado tu articulo.
    Gracias

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